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Una historia divertida con personajes sencillos, seguida de astutos consejos para vivir mejor con las preocupaciones de la vida. Tenemos la tendencia a querer que todo el mundo se parezca. Por eso, todo lo que se sale un poco de lo común es señalado con el dedo. Suele tratarse de un rasgo físico, un detalle en la cara o el cuerpo, el color de la piel; pero también puede tratarse de un nombre poco corriente, una prenda de vestir que no está a la moda.
Las diferencias nos dan miedo. Nos sentimos seguros cuando creemos que todos somos iguales. Como si, para ser aceptado dentro de un grupo, fuera necesario cumplir con ciertas características: una cara sin defectos, una talla y un peso medios. Por culpa de este miedo, ciertas personas se burlan y rechazan a todos los que no son como ellas. ¡Y hacen mucho daño! Las personas rechazadas son infelices, se sienten poco queridas, y terminan creyendo que los que se burlan tienen razón. Se sienten feos, inútiles y no están a gusto con los demás.
A Lulú le pusieron ortodoncia porque los dientes no le están saliendo derechos. Convencida de que se burlarán de ella, Lulú vuelve al colegio toda cohibida, sin atreverse apenas a hablar. Pero eso no sirve de mucho: durante el receso, Félix y Matías la llaman «dientes de acero». Lulú, que no quería llamar la atención ¡se convierte en una auténtica atracción!
Una historia que incluye astutos consejos para vivir mejor con las preocupaciones de la vida cotidiana.


La literatura infantil genera un espacio mágico que empieza cuando todos nosotros somos los héroes en la aventura que plantea el escritor y que crea una complicidad afectiva entre la palabra, la imagen y el lector. Aquí se reflejan las angustias de dos personajes cobijados por el amor y la solidaridad frente a una situación cotidiana que les permite descubrir sus propios sentimientos.


Un niño nacido en La Habana nos cuenta esta historia de un viaje en el que se mezclan, amores nuevos, un psicólogo desquiciado y la nostalgia de un muchacho que espera ansioso la fuga secreta de su padre.


Todas las tardes, al llegar a su casa después de ir a la escuela, la niña de este cuento imagina qué profesión podrá tener cuando sea grande. Junto a su gato Chachachá y a su perrita Galimatías, sueña que es ingeniera, piloto de avión, capitana de barco y muchas cosas más…
Y tú, ¿qué serás cuando seas grande?


Cuando Horacio Quiroga era ya un reconocido autor de literatura para mayores, escribe una serie de relatos sobre la selva, su tema predilecto, cuyos principales destinatarios serían sus pequeños hijos. Los relatos incluidos en este volumen son su versión definitiva de una antología que él mismo elaboró y reunió en un libro bajo el nombre Cuentos de la selva, en 1918; no obstante, estos ya habían visto la luz con anterioridad en distintas revistas y publicaciones para niños, entre las que vale la pena destacar la argentina Billiken, publicación que se recuerda por ser uno de los intentos mejor logrados en el ámbito latinoamericano por acercar la literatura y el conocimiento en general al público infantil. Por lo tanto, estos cuentos están enmarcados dentro de un propósito pedagógico evidente y escritos con un lenguaje que le permite al lector abordarlos de manera directa, como en una conversación desprevenida y amena.
Lo que este autor quiso transmitir a sus hijos lo transmite también a los demás niños y jóvenes a través de su obra. Por eso no quiso nunca escamotear a sus hijos la existencia del sufrimiento, aun de la crueldad, porque supo claramente que no podía resguardarlos para siempre en una campana incontaminada, sino que debía ponerlos progresivamente en contacto con el mundo real donde un día serían hombres y mujeres enfrentados a la vida.

El hombre que escondió el Sol y la Luna se basa en un mito de los chamíes, de la costa pacífica colombiana. La obra se refiere a la leyenda de la creación del mar y el origen de los temblores de tierra con que la cosmogonía chamí explica el constante ir y venir del mar sobre la tierra, la pérdida de las embarcaciones, las catástrofes en las minas de carbón, etc. Robatierras, Tragahectáreas y Tercer Tragón son los monstruos protagonistas, además de un hombrecito que se enfrenta a ellos cuando han acabado con todos los paisajes del mundo. Pero el hombrecito esconde a tiempo el Sol y la Luna y tiene entonces que soportar la ira de los monstruos, que de ninguna manera aceptan que sus colores se hayan perdido. El hombrecito, sin embargo, encuentra la manera de engatusarlos para que finalmente todo vuelva a la normalidad.

Esta historia para niños nos sugiere las locuras que llegamos a hacer cuando estamos bajo el influjo del amor. En este caso, no son los humanos los que se enamoran, sino un león majestuoso que pierde su reino al enamorarse de un ave del paraíso. Con humor y poesía, el autor narra e ilustra las vicisitudes de un personaje que va agotando posibilidades para poder llegar al objeto de su afecto, tocando, de paso, temas como el desamor y la desilusión. El león que escribía cartas de amor es una excelente oportunidad para que el pequeño lector empiece a adentrarse en ese mundo lleno de paradojas que es el amor.

La botella de limonada brinca, juega y salta hacia el fondo del río, y Rosendo Bucurú la sigue ignorante de la difícil tarea que le espera y de los peligros que lo acechan. Rosendo deberá rescatar la vida de los peces, de la selva, de los árboles, que yacen prisioneros en el oscuro centro de la ciudad de los hombres.
Preservación del medio ambiente, lo maravilloso de la naturaleza, la responsabilidad del hombre frente a los problemas de crecimiento de la ciudad, son los temas de esta obra.


Esta historia busca que los niños guarden para siempre en su memoria, como algo especial, ese momento cuando, a media luz, en un tono mágico, nos transportamos juntos al mundo de la fantasía con esa llave maravillosa del «había una vez…». Nuestro personaje, Morita, nos muestra un mundo moderno donde también pueden existir los Príncipes.
La exaltación del valor de las cosas sencillas, el sentido de la amistad, la comprensión y el amor forman parte de esta divertida narración. La autora está convencida de que los miedos y las culpas no sirven para nada, pues de lo que se trata es de ser feliz.


Esta historia está inspirada en un organillo que tuvo el autor cuando chico, en Cuba, igual al de la novela. Aún existe, pero también perdió su música. El de la novela es de una tía abuela de dos de los niños protagonistas, un recuerdo de un antiguo amor que ella tuvo. Los niños, tratando de encontrar la música original del organillo, se meten en una extraña aventura. Extraña y peligrosa, porque alguien, o algo, muy poderoso y maligno, quiere apoderarse del organillo para que no recupere su música, pues eso sería como recuperar el amor. Los niños no saben en qué se están metiendo hasta que ya no tienen salida. Muertos de miedo, tienen que seguir adelante.

Las leyendas y las narraciones populares que hemos reunido aquí nos permitirán la geografía de la imaginación universal. Para empezar, iremos a Islas Salomón, en la Melanesia, en las aguas del océano Pacífico. El pequeño y valiente pescador es uno de los personajes más populares de la tradición oral de esas islas.
De Oceanía pasamos al continente africano, donde haremos un alto en Egipto. Un antiguo cuento popular de ese país narra cómo el príncipe Yousif y Louliyya, la hija de un ogro, se convirtieron en marido y mujer. Como se trata de una historia muy larga, hemos hecho una versión abreviada para poder incluirla en este libro.
La República Checa tiene un rico folclor, pródigo en cuentos fascinantes. Uno de ellos es Los príncipes gemelos. En él encontrarás desde espadas mágicas y dragones hasta castillos misteriosos, brujas y campamentos de gitanos.
En Brasil se conservan numerosas leyendas de las tribus que habitan en las selvas del Amazonas. De ellas escogimos una, perteneciente a la etnia tupi, que narra el origen de la mandioca (yuca).
Por último, para concluir este extenso y sorprendente recorrido a través de cinco continentes, nos trasladaremos a Japón. Tal vez ningún personaje de los cuentos populares de ese país sea tan conocido como Melocotoncito, una especie de Pulgarcito asiático que no teme emprender un largo viaje —al que se suman tres amigos— para enfrentarse a los onis, unos temidos gigantes.
