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Benno se despierta en la mitad de la noche. Algo no está bien. Alguien está en su cuarto. Una sospecha oscura se apodera de Benno: ¡Ha sido mordido por un vampiro!


Una historia divertida con personajes sencillos, seguida de astutos consejos para vivir mejor con las preocupaciones de la vida. Tenemos la tendencia a querer que todo el mundo se parezca. Por eso, todo lo que se sale un poco de lo común es señalado con el dedo. Suele tratarse de un rasgo físico, un detalle en la cara o el cuerpo, el color de la piel; pero también puede tratarse de un nombre poco corriente, una prenda de vestir que no está a la moda.
Las diferencias nos dan miedo. Nos sentimos seguros cuando creemos que todos somos iguales. Como si, para ser aceptado dentro de un grupo, fuera necesario cumplir con ciertas características: una cara sin defectos, una talla y un peso medios. Por culpa de este miedo, ciertas personas se burlan y rechazan a todos los que no son como ellas. ¡Y hacen mucho daño! Las personas rechazadas son infelices, se sienten poco queridas, y terminan creyendo que los que se burlan tienen razón. Se sienten feos, inútiles y no están a gusto con los demás.
A Lulú le pusieron ortodoncia porque los dientes no le están saliendo derechos. Convencida de que se burlarán de ella, Lulú vuelve al colegio toda cohibida, sin atreverse apenas a hablar. Pero eso no sirve de mucho: durante el receso, Félix y Matías la llaman «dientes de acero». Lulú, que no quería llamar la atención ¡se convierte en una auténtica atracción!
Una historia que incluye astutos consejos para vivir mejor con las preocupaciones de la vida cotidiana.


La literatura infantil genera un espacio mágico que empieza cuando todos nosotros somos los héroes en la aventura que plantea el escritor y que crea una complicidad afectiva entre la palabra, la imagen y el lector. Aquí se reflejan las angustias de dos personajes cobijados por el amor y la solidaridad frente a una situación cotidiana que les permite descubrir sus propios sentimientos.


Abuelita Milagro, del escritor Antonio Orlando Rodríguez, nos lleva al encuentro de un grupo de singulares personajes y de un universo rural en el que la fantasía y la realidad se entremezclan poéticamente. Su protagonista, una anciana bondadosa, aventurera e invencible en el juego de las adivinanzas, es “un poco esa abuela que todos hemos tenido o soñado tener”. Este libro, uno de los más significativos de la literatura cubana para niños, regresa para cautivar a nuevos lectores con su imaginación, su humor y su recreación del folclor campesino.

Cuentos para compartir con los niños más pequeños. Un puñado de encantadoras narraciones de la tradición oral que, a lo largo de los años, han servido como puertas para que los niños exploren los universos de la fantasía.


Los cuentos de esta selección tienen en común la admirable y bella descripción de imágenes, pobladas de elementos sutiles y fantásticos, junto a una exaltación del amor, de la bondad y de la caridad. Junto a la belleza de la forma está la del mensaje, en una propuesta literaria que establece una conjunción entre la estética y la ética. En todos hay revestida, por una refinada y a veces sensual prosa, un alma poética que conduce al lector a profundas reflexiones en torno al sentido de la vida, recorriendo argumentos plenos de elementos recreativos, aunque a veces sorprendan sus conclusiones escépticas y crueles como en El ruiseñor y la rosa.


Cuando Horacio Quiroga era ya un reconocido autor de literatura para mayores, escribe una serie de relatos sobre la selva, su tema predilecto, cuyos principales destinatarios serían sus pequeños hijos. Los relatos incluidos en este volumen son su versión definitiva de una antología que él mismo elaboró y reunió en un libro bajo el nombre Cuentos de la selva, en 1918; no obstante, estos ya habían visto la luz con anterioridad en distintas revistas y publicaciones para niños, entre las que vale la pena destacar la argentina Billiken, publicación que se recuerda por ser uno de los intentos mejor logrados en el ámbito latinoamericano por acercar la literatura y el conocimiento en general al público infantil. Por lo tanto, estos cuentos están enmarcados dentro de un propósito pedagógico evidente y escritos con un lenguaje que le permite al lector abordarlos de manera directa, como en una conversación desprevenida y amena.
Lo que este autor quiso transmitir a sus hijos lo transmite también a los demás niños y jóvenes a través de su obra. Por eso no quiso nunca escamotear a sus hijos la existencia del sufrimiento, aun de la crueldad, porque supo claramente que no podía resguardarlos para siempre en una campana incontaminada, sino que debía ponerlos progresivamente en contacto con el mundo real donde un día serían hombres y mujeres enfrentados a la vida.


«La Pobre Viejecita», «El Renacuajo Paseador», «Juan Matachín» y «Simón el Bobito» son los cuentos que componen este volumen de Cuentos Pintados, una recopilación de las composiciones más conocidas del poeta Rafael Pombo. Inspirados en personajes particulares, estas divertidas rimas son una joya de la literatura infantil colombiana. El lector de estos cuatro cuentos encontrará en ellos la gracia de sus historias que nos dibujan situaciones y personajes muy divertidos.


Narra la historia de Zazir el caballito pequeño y luminoso, y de su amiga la ranita Dalia. Las páginas de este relato están llenas de ternura, de optimismo, de fe en la belleza de la humanidad y de confianza en el porvenir del mundo.


Valores como la generosidad y la solidaridad se conjugan en esta simpática historia de pájaros de colores llamativos que un día deciden conocer la fuente de su vida y la razón de su hábitat.
Los tucanes y las semillas nos brindan la oportunidad de entender de manera fácil la relación que existe entre flora y fauna, donde se da comienzo al ciclo vital de la naturaleza. El autor y la ilustradora de manera conjunta y armoniosa crean una historia para contar a los niños el recorrido y el valor de una semilla.


La historia recrea el valor de la autenticidad y está inspirada en un profundo amor por la naturaleza. Pirulí, un singular caballo, es rechazado por quienes se consideran «normales» y debe buscar nuevos horizontes en su vida.
En torno al pequeño personaje se plantea el tema de la realización personal, a partir del respeto a las diferencias y el reconocimiento de las oportunidades que el mundo brinda a quienes trabajan en su búsqueda.

El hombre que escondió el Sol y la Luna se basa en un mito de los chamíes, de la costa pacífica colombiana. La obra se refiere a la leyenda de la creación del mar y el origen de los temblores de tierra con que la cosmogonía chamí explica el constante ir y venir del mar sobre la tierra, la pérdida de las embarcaciones, las catástrofes en las minas de carbón, etc. Robatierras, Tragahectáreas y Tercer Tragón son los monstruos protagonistas, además de un hombrecito que se enfrenta a ellos cuando han acabado con todos los paisajes del mundo. Pero el hombrecito esconde a tiempo el Sol y la Luna y tiene entonces que soportar la ira de los monstruos, que de ninguna manera aceptan que sus colores se hayan perdido. El hombrecito, sin embargo, encuentra la manera de engatusarlos para que finalmente todo vuelva a la normalidad.
