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El lector encontrará ocho relatos, ricamente ilustrados por Rocío Parra, que lo conducirán a una serie de encuentros entre personajes cotidianos y seres sorprendentes y extraordinarios: un humilde cartero que establece estrecha amistad con un emotivo esqueleto que durante su “larga muerte” ha departido con Cleopatra y Napoleón; un muchacho enamorado que hace pactos con un malvado diablillo; un monstruo de siete cabezas que posee el secreto del lugar donde está sumergido un gigantesco tesoro; un joven panadero que quiere hacerse discípulo del mejor mago del mundo. Son relatos paradójicos que con jocosa ironía se burlan del temor a lo desconocido y lo convierten en un desparpajado juego de fantasía.
Escritos con el rigor de un autor consagrado a su oficio y con la libertad que da el pleno dominio sobre la construcción literaria, estos relatos fluyen con naturalidad permitiendo una lectura entretenida, al tiempo que invitan a confrontar la realidad y a reflexionar en torno a ella.


La historia recrea el valor de la autenticidad y está inspirada en un profundo amor por la naturaleza. Pirulí, un singular caballo, es rechazado por quienes se consideran «normales» y debe buscar nuevos horizontes en su vida.
En torno al pequeño personaje se plantea el tema de la realización personal, a partir del respeto a las diferencias y el reconocimiento de las oportunidades que el mundo brinda a quienes trabajan en su búsqueda.

Esta historia para niños nos sugiere las locuras que llegamos a hacer cuando estamos bajo el influjo del amor. En este caso, no son los humanos los que se enamoran, sino un león majestuoso que pierde su reino al enamorarse de un ave del paraíso. Con humor y poesía, el autor narra e ilustra las vicisitudes de un personaje que va agotando posibilidades para poder llegar al objeto de su afecto, tocando, de paso, temas como el desamor y la desilusión. El león que escribía cartas de amor es una excelente oportunidad para que el pequeño lector empiece a adentrarse en ese mundo lleno de paradojas que es el amor.

Un piloto se ve obligado a aterrizar de emergencia en el desierto del Sahara y de repente ve aparecer a un niño, vestido de una manera muy particular, que lo sorprende con sus preguntas y sus modales. Poco a poco el extraño niño le cuenta que viene de un lejano asteroide, en donde vive acompañado por una flor caprichosa y tres volcanes que deshollina cada mañana. Cansado de discutir con su flor, de la que está enamorado, aprovecha una migración de pájaros salvajes para escapar de la orgullosa rosa. Antes de llegar a la Tierra recorre seis planetas y así conoce a un rey que no tiene a quien gobernar, a un vanidoso a quien nadie admira, a un bebedor, a un hombre de negocios que se creía dueño de todas las estrellas del universo, a un farolero cuya consigna era prender y apagar un farol en un planeta que giraba una vez por minuto, y a un geógrafo que nunca había visto una montaña, un río o un océano. Ya en la Tierra, el principito se encuentra un jardín de rosas que lo hace sentir muy triste, pues hasta ese día creyó que su rosa era única en el universo. Casi al tiempo conoce al zorro que le suplica al niño que lo domestique. Conoce también un guardagujas, un vendedor y una serpiente venenosa que lo ayuda a regresar a su añorado asteroide.


Un joven príncipe, aburrido de sus obligaciones y quehaceres, abandona sus tierras y comodidades para vivir la aventura más temeraria y hermosa que jamás hubiese podido tener siendo un miembro de la realeza.
Un hermoso cuento sobre la maravillosa aventura que significa vivir.

Dentro del grupo de los grandes fabulistas de la historia se encuentran el español Tomás de Iriarte y el francés Jean de la Fontaine. En este libro se reúnen algunas de las mejores fábulas de cada uno de estos autores acompañadas por atractivas ilustraciones para el público infantil.

Hacendados blancos locos de amor por sus esclavas, españoles y virreyes en enredos con indias hermosas, en este volumen de relatos se penetra en el fascinante mundo de la pasión amorosa que la historiografía ha desdeñado o temido exponer. Gonzalo España ha considerado que estos pasajes de la historia pueden mostrar una huella muy sugestiva de un particular temperamento social que ha ido desenvolviéndose a medida que la historia de América se extiende en el tiempo. Valiéndose de su estupendo talento de narrador, rescata a estos personajes de los empolvados archivos de las bibliotecas académicas para darles una dimensión novelesca y enmarcarlos de manera perturbadora en el medio y la época en que a cada uno de ellos le correspondió vivir en Brasil, Colombia, México, Perú y Venezuela. Historias que rebosan de sacrificio, heroísmo, pasión y, sobre todo, demencia.


En Koku-yó, mensajero del sol, se narra la leyenda que surge en torno a la aparición de la primera luciérnaga (Koku-yó) en la tierra de los primeros hombres, en el País de Manaré.
Koku-yó nació en la noche en que una estrella solitaria se partió en el cielo y sus pedazos, llenos de vida y luz, cayeron en el territorio de la Ciénaga de Betancí. Allí fueron bien recibidos por todos los habitantes; únicamente Pakuné, la noche, se mostró incómoda por la presencia de los nuevos y luminosos seres. Está, auxiliada por las aves nocturnas, los murciélagos, el Árbol de Olleto, la Reina del Monte, la Mariposa Nocturna de las Alas Grises, y tratan de impedir que la primera luciérnaga contagie a todos los seres con su resplandeciente luz; pero todos sus esfuerzos son infructuosos, Koku-yó sale siempre victoriosa logrando, además depositar en ellos un poco de su luz.
De todo esto fue testigo Manaré, el primer hombre, y así lo contó a sus hijos y estos a su vez a los suyos.


Esta es la historia de la media que perdió a su compañera y la busca en muchos lugares, donde conoce diferentes objetos, algunos similares a ella, pero que nunca serán su hermana perdida.

Once escritores, once maneras de escribir una puerta. Hay quienes la abren, muy a su pesar. Otros que prefieren dejarla cerrada. No faltan los que la abren gustosos para luego arrepentirse. En estos relatos, todos con el mismo nombre, La puerta que no quise abrir, once escritores de varios rincones de Latinoamérica y Europa traspasan el umbral para sorprendernos con esta amalgama de historias, unas futuristas y distópicas, otras de amores desviados, poéticas otras, cercanas al ensayo, unas divertidas, otras tantas oníricas, de traición y engaño, porque, como podemos intuir, nada es ajeno al espíritu humano… o a esta antología.
María del Carmen Pérez (Nicaragua), Legna Rodríguez Iglesias (Cuba), Jacqueline Goldberg (Venezuela), Carlos Chernov (Argentina), Antonio Orlando Rodríguez (Cuba), Afonso Cruz (Portugal), Carlos Garayar (Perú) y los colombianos, Fanny Buitrago, Lina María Pérez, Octavio Escobar y Miguel Mendoza forman parte de esta antología, en una mezcla de estilos y geografías. Cada cuento está acompañado por las ilustraciones, a veces luminosas, a veces oscuras, de Andrés Rodríguez, en una reinterpretación de la historia. Porque “quien abre la puerta, quien ve más allá de la superficie de la puerta está queriendo otra cosa: quiere huir. La puerta que no quise abrir es la ilusión de la fuga, el alma del deseo.
