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Si los cuentos son, como afirmaba Cortázar, peleas que se ganan por knock-out -al contrario de las novelas que se ganan por asaltos-, entonces podemos afirmar que los títulos incluidos en este volumen cumplen con el requisito de hacer perder el equilibrio de cada lector.
No es posible leer estas historias sin alterarse, y de antemano anunciamos que quien se arriesgue será irremediablemente tocado por el talento de este autor, que no en vano es considerado un maestro del género, tanto que nadie duda que gracias a su pluma el cuento latinoamericano alcanzó su mayoría de edad.

Cuando Horacio Quiroga era ya un reconocido autor de literatura para mayores, escribe una serie de relatos sobre la selva, su tema predilecto, cuyos principales destinatarios serían sus pequeños hijos. Los relatos incluidos en este volumen son su versión definitiva de una antología que él mismo elaboró y reunió en un libro bajo el nombre Cuentos de la selva, en 1918; no obstante, estos ya habían visto la luz con anterioridad en distintas revistas y publicaciones para niños, entre las que vale la pena destacar la argentina Billiken, publicación que se recuerda por ser uno de los intentos mejor logrados en el ámbito latinoamericano por acercar la literatura y el conocimiento en general al público infantil. Por lo tanto, estos cuentos están enmarcados dentro de un propósito pedagógico evidente y escritos con un lenguaje que le permite al lector abordarlos de manera directa, como en una conversación desprevenida y amena.
Lo que este autor quiso transmitir a sus hijos lo transmite también a los demás niños y jóvenes a través de su obra. Por eso no quiso nunca escamotear a sus hijos la existencia del sufrimiento, aun de la crueldad, porque supo claramente que no podía resguardarlos para siempre en una campana incontaminada, sino que debía ponerlos progresivamente en contacto con el mundo real donde un día serían hombres y mujeres enfrentados a la vida.


«Tan solo dormí algunas horas cuando me fui a la cama, y sintiendo que no podía dormir más, me levanté. Había colgado en la ventana el espejo con el que me afeito, y comenzaba a hacerlo.
De repente, sentí una mano en el hombro, y escuché la voz del conde que me decía “Buenos días”. Me asusté, pues desde donde estaba podía ver el reflejo de toda la habitación, pero no lo había visto acercarse. Debido a ello, me corté levemente, aunque en el momento no me di cuenta. Después de contestar su saludo, me giré de nuevo al espejo para comprobar mi error. Esta vez no había error: el hombre estaba a mi lado, lo podía ver, ¡pero no se reflejaba en el espejo! Podía ver toda la habitación, pero no había señal del conde, el único ser humano allí era yo.»
La nota corresponde a los diarios de Jonathan Harker, un joven abogado inglés que llegó a Transilvania a realizar una sencilla transacción de finca raíz y, en vez de ello, les regaló a los lectores de todo el mundo el descubrimiento de una de las figuras más alucinantes de la literatura universal, que ha fascinado y seguirá fascinando a generaciones enteras: el conde Drácula.


El lector encontrará ocho relatos, ricamente ilustrados por Rocío Parra, que lo conducirán a una serie de encuentros entre personajes cotidianos y seres sorprendentes y extraordinarios: un humilde cartero que establece estrecha amistad con un emotivo esqueleto que durante su “larga muerte” ha departido con Cleopatra y Napoleón; un muchacho enamorado que hace pactos con un malvado diablillo; un monstruo de siete cabezas que posee el secreto del lugar donde está sumergido un gigantesco tesoro; un joven panadero que quiere hacerse discípulo del mejor mago del mundo. Son relatos paradójicos que con jocosa ironía se burlan del temor a lo desconocido y lo convierten en un desparpajado juego de fantasía.
Escritos con el rigor de un autor consagrado a su oficio y con la libertad que da el pleno dominio sobre la construcción literaria, estos relatos fluyen con naturalidad permitiendo una lectura entretenida, al tiempo que invitan a confrontar la realidad y a reflexionar en torno a ella.


Novela policíaca para adultos. Anna, una migrante que llegó de la antigua Yugoslavia a Finlandia, comienza a trabajar como detective. Allí debe investigar un caso muy atípico para el país, a saber, asesinatos en serie. Además, debe luchar contra la discriminación de sus compañeros y con otro supuesto caso de maltrato a una inmigrante por parte de sus padres.


Esta es la segunda parte de La chica espejo. Juli debe escapar del mundo que conoce y decide internarse en el bosque prohibido, allí encuentra una manada que la acoge. Sin embargo, la chica prefiere mantenerse aislada, sus amigos, son ahora sus enemigos, y desconfía de todos.
La chica espejo y El espejo roto narran la historia de una joven que crece en una familia diferente, con una madre fuera de lo común. Al descubrirse su secreto, no queda otra opción que huir, pues la sociedad en la que vive no acepta a estos particulares seres; a quienes temen.

En todos nosotros habita la dualidad del bien y el mal. Pero ¿qué pasaría si lográramos acceder a ese mal absoluto y este se apoderará de nuestro cuerpo? Esta es la pregunta que se responde en esta novela, donde el Dr. Jekyll, un doctor pacífico y respetable, crea una fórmula que abre la puerta a un ser que es pura maldad… un Mr. Hyde simiesco y criminal que recurrirá a su fuerza y sagacidad no sólo para sembrar el terror entre los habitantes de un Londres misterioso y casi intangible, sino para enfrentar a su creador en el deseo de poseerlo de manera definitiva.
Esta historia clásica de Stevenson se acompaña en esta bella edición en tapa dura por ilustraciones a todo color que rescatan el espíritu oscuro del original; de igual manera, la historia fue fielmente traducida por Pedro Lama.


Separados por miles de kilómetros, cuatro adolescentes, cuyos destinos están misteriosamente conectados, intentan escapar a lo inevitable: la guerra mundial que se propagó por el mundo entero. Se sabe de una base secreta en Groenlandia a donde todos quieren llegar pues algunos piensan que aún hay un futuro.
Fabuloso libro de ciencia ficción que nos ayuda a reflexionar sobre lo inevitable del destino.


Budapest, 1944: la guerra que llega a su fin muestra su rostro más inhumano. A medida que los soviéticos avanzan hacia Occidente, los judíos atrapados en la capital son diezmados por el hambre, el frío y los locos asaltos de los nazis alemanes y húngaros. Para Giorgio Perlasca, un simple empresario italiano, el horror está a punto de terminar: a través de la embajada de España pronto podrá repatriarse, volver a ver a su esposa, olvidar ese infierno. Pero ante sus ojos se desarrolla una tragedia constante y brutal; no puede marcharse sin hacer nada. Pospone entonces su partida y emprende una odisea para salvar de la muerte a tantas personas como pueda, corriendo por un hilo de mentiras cada vez más temerarias. Cuando el embajador español abandona la ciudad, todo parece perdido para los judíos protegidos por la embajada.

Un hombre mayor ha visto pasar los años a las orillas del río que le dio todo: protección, alimento, compañía y algo aún más importante, le ayudó a comprender el sentido de su existencia. Cuando se acerca su muerte, el hombre y su gato, que envejeció junto con él, se embarcan por el río, y este los lleva a los pasajes más significativos de su vida, que ocurrieron precisamente a lo largo de su extensa ribera. Aventuras, peligros, encuentros mágicos y místicos junto a personajes fuera de lo común aparecen en este viaje de regreso que es, a su vez, el último viaje, el de la despedida.


Emily despierta en medio de la más profunda oscuridad y no tarda en notar que el espacio donde se encuentra es tan estrecho como un ataúd. ¿Cómo pudo llegar allí?, ¿será una macabra broma de su mejor amiga o la más terrorífica de las pesadillas? Infortunadamente todo es real y ahora es un fantasma del cementerio Père Lachaise. Sin embargo, existe la posibilidad de recobrar lo que aún queda de su vida, pero tendrá que enfrentarse al más cruel de los adversarios y eso será incluso más terrible que haber muerto.

«De repente, vi la figura de un hombre en la distancia. Avanzaba hacia mi posición con velocidad sobrehumana. Daba brincos sobre las grietas del hielo, que yo había caminado con sumo cuidado; su estatura, pude comprobarlo a medida que se acercaba, sobrepasaba la de los hombres. Temblé; la vista se me nubló y me sentí desmayar, pero los vientos helados de la montaña lograron restaurarme. Me di cuenta, a medida que la figura se acercaba, de que se trataba del demonio que había creado. ¡Vaya visión tremenda y aborrecida! Comencé a temblar de rabia y horror, pero tomé la decisión de esperar su acercamiento, para luego trenzarme con él en un combate mortal».
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De esta manera Víctor Frankenstein, un joven científico suizo, describe el reencuentro con el repugnante ser que ha creado, y a quien ahora debe erradicar de la faz de la Tierra.
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Tanto Víctor como el engendro salieron de la prodigiosa imaginación de una chica de diecinueve años, Mary Shelley, que inscribió para siempre su nombre en el olimpo de la literatura universal. Una nueva traducción de este increíble clásico.
